Rami Abdel Rahmán, contable y notario de la matanza siria

El fundador del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH), Rami Abdel Rahmán, contable de la matanza en su país, fustiga “la hipocresía” de la comunidad internacional, concentrada en el desarme químico hasta ignorar el “inacabable baño de sangre”.

Día tras día desde que estalló la guerra civil en marzo de 2011, su ONG, informada por una importante red de colaboradores, actualiza el balance estremecedor de muertos. “En Siria, más de 120.000 personas han perdido la vida, 500 por armas químicas. ¿Hay muertos más lamentables que otros?” se rebela en una entrevista con AFP en Londres este cuarentañero con bigote, afable y corpulento, vestido con traje negro.

Las manos de este opositor exiliado desde 2000 en Coventry, ciudad desangelada del centro de Inglaterra, subrayan la exasperación, la frustración, el enfado. “Absolumente nada ha cambiado. Los combates se eternizan. La sangre continúa extendiéndose, y el conflicto gana intensidad”. “Con el acento puesto en el desarme químico, acabamos olvidando la muerte diaria de los sirios, víctimas de bombardeos, de proyectiles de tanques y de mortero, de las balas de fusiles, de los coches bomba. La de los que son ejecutados sumariamente”, prosigue en árabe, una lengua que prefiere a su inglés básico.

Si sus cifras son correctas, el conflicto se salda con entre 4.000 y 5.000 muertos cada mes: soldados, milicianos y miembros del Hezbolá chiíta libanés de un lado. Y del otro, rebeldes, combatientes del Ejército Sirio Libre, ‘yihadistas’ y simples civiles.

Su recuento lo siguen los grandes medios internacionales, los ministerios de Exteriores y los periodistas, que abandonan el terreno por culpa de las restricciones de visados, los francotiradores y los secuestros. “El régimen es culpable de decenas de atrocidades diarias”, pero el otro bando también comete crímenes de guerra. Se trata sobre todo de los ‘yihadistas’ del Estado Islámico de Irak y el Levante, un grupo asociado a Al Qaeda que querría “reemplazar una dictadura por otra”, denuncia.

En la página del Observatorio, algunas fotos y vídeos son insoportables.

Documentar, verificar, contar

Desde el alba hasta tarde por la noche, Rami Abdel Rahmán está pegado al teléfono. En algún momento de la entrevista llega a responder a dos móviles a la vez. Este antiguo hombre de negocios es el director de orquesta del OSDH, creado en 2006. Según él, la organización dispone por toda Siria de “230 activistas -maestros, abogados, médicos, periodistas-, pero también de 5.000 informadores externos”, incluyendo a funcionarios del régimen de Bashar Al Asad, soldados, rebeldes y ‘yihadistas’. “Nuestro objetivo es hacer estallar la verdad. Nos documentamos. Verificamos e informamos”. “Nuestra única agenda es defender los derechos humanos para facilitar la llegada de un Estado democrático”, sostiene.

La propaganda y la desinformación abundan. Los recelos también. Este defensor de los derechos humanos ha sido acusado de ser un secuaz de Catar, un agente a sueldo de los servicios de inteligencia occidentales, un miembro de los Hermanos Musulmanes.

Su balance de la carnicería pretende ser lo más preciso posible. Ya se trate de las víctimas de una explosión en la provincia de Deraa, en el sur, como de un asalto a la prisión central de Alepo por los rebeldes, de combates internos entre los rebeldes, del incendio de iglesias cristianas o de la destrucción por los islamistas de una estatua del califa de ‘Las mil y una noches’, Harun Al Rashid, por idólatra, en Raga (norte).

El sueño de la democracia

Estos últimos meses, Rami Abdel Rahmán, que es un seudónimo, ha fortalecido las medidas de seguridad de su casa “por las amenazas constantes” de todos los bandos. Sus noches son cortas, y deja a su mujer, por falta de tiempo, la gestión de su tienda de ropa. “Tengo dos hijos: el Observatorio y mi hija”, admitiendo que tiene a la niña de 7 años un poco abandonada.

“Tengo la cabeza de alguien que no duerme mucho y colecciona enfermedades. Pero nuestros sacrificios son insignificantes al lado de los sufrimientos de los nuestros en Siria”. El teléfono interrumpe sus declaraciones una vez, dos, veinte. Los ‘e-mails’ llegan en gran número, con el sonido que avisa de que han sido recibidos.

Este opositor que nació en la ciudad costera de Banias en una familia suní tuvo que esconderse varias veces por su proximidad con Amnistía Internacional, antes de huir definitivamente. “Desde que soy pequeño sueño con la democracia, con el fin de la opresión”, recuerda. “Espero que ese día llegará”.

AFP

Rami Abdel Rahman El fundador del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos

¿Y por ahora? “No veo nada más que la guerra civil, la somalización del país, un nuevo Afganistán”. De nuevo, el teléfono lo devuelve a la realidad.  (AFP)

 

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